Además de los elementos esenciales del teatro, actores, escenario o la obra propiamente dicha, la escenificación cada vez toma más fuerza y es vista como una pieza clave y básica para realizar una buena escenografía.

En el teatro no existe la postproducción ni las segundas tomas. No se puede volver atrás ni hay margen para errores. La preparación de los actores, el decorado y la puesta en escena son la esencia de este arte.

Si queremos que nuestro público esté atento, debemos cuidar cada detalle, pero, si lo que buscamos es que el público se sumerja en la obra debemos cuidar entre otras cosas, la ambientación. Conseguir una ambientación adecuada tiene sus trucos, pero será la clave para que la obra sea un éxito.

Mucha mierda y a escena.

Es primordial despertar el interés de nuestro público al comenzar una obra. Por eso recomendamos arrancar con un efecto vistoso. En los teatros modernos, o en salas dónde no hay telón, el sistema de caída de telones es una alternativa muy llamativa que revela al espectador el decorado de forma inmediata.

Crear suspense 

Representar una escena de misterio, por ejemplo, es fácil si nos servimos de una máquina de humo bajo que genere la clásica niebla de las películas de terror.  Es recomendable que en el escenario haya pocos obstáculos para que el efecto niebla no se disipe. Si a esto le sumamos una buena iluminación (luz indirecta, velas, etc.) y unos buenos efectos de sonido (truenos, gritos, crujir de la madera, etc.) conseguiremos que el espectador se sumerja en el pequeño universo de terror que hemos creado.

El efecto sorpresa. 

Una llamarada, un estruendo o un destello suelen desconcertar al público y consiguen que centre toda su atención en lo que está sucediendo en escena.

Si de verdad queremos sorprender al público y generar emociones positivas, hay que emplear todos los recursos de que disponemos.

El fuego es un elemento hipnótico cuyo poder se basa en el calor y la luz, dos componentes básicos que pueden aportar mucho a nuestra obra. Los lanzallamas pueden contribuir a dar emoción a una escena, evocar el infierno en “La Divina Comedia”, o un bombardeo en la obra “El Diario de Ana Frank”.
Si el teatro es pequeño, y hay riesgo de incendio, existe una alternativa al lanzallamas:
las llamas artificiales. Simulan fuego y proporcionan movimiento a la escena.

Entre acto y acto.

Los cambios de acto en el teatro han venido marcados tradicionalmente por una bajada de telón. A este instante le precede un momento dramático que mantiene al público en vilo y le prepara para el siguiente acto. Para terminar una escena antes del desenlace final podemos hacer uso de máquinas de CO2 para crear columnas de humo. Este efecto puede evocar un momento fatal en la historia o por el contrario el festejo del triunfo de una batalla acompañado del sonido de trompetas celestiales.

Winter is coming

Ya lo decía Ned Stark en Juego de Tronos, y es que el invierno tiene que ser frío y la mejor manera de representar el frío es la nieve. La nieve es un elemento que puede tener varias interpretaciones. Puede embellecer una escena navideña dándole ese toque romántico e idealizado, pero también puede evocar la miseria, el frío y la pobreza. El uso de nieve artificial es un truco infalible que arrancará una sonrisa a los espectadores, mayores y niños; porque a todos nos fascina la nieve.

En pleno siglo XXI, en un momento en que la tecnología supera a la ficción y es cada vez más difícil sorprender, la teatralidad y el efecto sorpresa son clave si queremos que el público se emocione, y viva una experiencia irrepetible.

En definitiva, el uso de efectos en teatro es el as en la manga que toda compañía debe tener. Recuerda que si necesitas asesoramiento, nuestro equipo te puede ayudar.