Desde George Méliès a Peter Jackson, y con el inminente estreno de Star Wars de J.J. Abrams, los efectos especiales prácticos han evolucionado, han sufrido una importante caída y, posteriormente, han vuelto a cobrar importancia...

Desde el nacimiento del cine, los efectos especiales han sido siempre uno de los grandes atractivos para los espectadores. Las primeras películas asombraron a la gente con aquellos trenes acercándose a la estación de una manera fantástica y realista. Y esos fueron los comienzos del cine tal y como lo vemos hoy; un sinfín de historias llenas (o no) de fantasía que nos han entretenido durante los últimos 100 años. 

Pero, por desgracia, una cosa es cierta: los últimos 25 años han apartado estos efectos prácticos a un segundo plano.

Los efectos digitales hechos por ordenador (CGI) han llegado con la intención de quedarse; han permitido a los directores y productores pensar más a lo grande y de manera más rápida.

Aunque los efectos prácticos parecen empezar a remontar de nuevo. Esto se debe a que los espectadores empiezan a no creerse nada de lo que ven, convirtiendo a las escenas de acción hechas por CGI en algo irreal, que no enganchan y no emocionan la gente, que no la hace partícipe de las películas.

Los milenials (que actualmente tienen entre 20 y 30 años) están rechazando lo digital en pos de las experiencias analógicas en todos los diferentes aspectos de la vida, por ejemplo, con los vinilos, los libros de papel, Etsy, los meet-ups y el volver a "vivir aventuras en el campo o en la sierra". Y esto también vale para los efectos prácticos.

El inminente estreno de la película más esperada este año basa su marketing totalmente en la nostalgia, reforzando el uso de efectos prácticos a la antigua usanza como reclamo. Cuando Star Wars: El Despertar de la Fuerza llegue a las pantallas comenzará una nueva era para este tipo de efectos.

Pero por ahora, vamos a ver una breve historia de los efectos prácticos en el cine a través de 10 películas. Pero, antes que nada... un efecto práctico es un efecto especial creado a mano, no por ordenador. Ejemplos de efectos prácticos van desde una explosión de bala al stop-motion, pasando por el uso de miniaturas, maquillajes, animatrónicos, etc…

El primer blockbuster de los efectos prácticos

A Trip to the Moon (George Méliès) - 1902

El trabajo de George Méliès en la ciencia ficción no supuso únicamente el inicio del camino hacia las películas tal y como las conocemos hoy en día, sino que fue el pistoletazo de salida a la industria de los efectos especiales.

Gracias al uso de escenarios, accesorios, disfraces y efectos de humo y explosiones, creó un mundo de ciencia ficción en el que llevó a la vida las ideas de H.G. Wells, quien ya por aquél entonces se había apoderado de la imaginación popular.

La película narra la historia de un grupo de científicos que son lanzados a la luna desde un cohete espacial. Una vez allí, descubren a unos alienígenas, contra quienes tienen que enfrentarse antes de regresar a casa. De esta forma, Méliès “vendió” su visionaria idea a las masas; en vez de documentar y enseñar una historia de la vida real, nos enseñó que podríamos crear vidas fantásticas en una película gracias al uso de algunos trucos. Combinando estos efectos con una buena historia, Méliès comprobó que el cine era el lugar más apropiado que el teatro para el uso de efectos prácticos.

Las Miniaturas permiten a los cineastas soñar más a lo grande. 

Metropolis (Fritz Lang) - 1927

Metropolis fue la película más cara que se había filmado hasta ese momento. De hecho, es una película considerada de culto, ya que a día de hoy todavía tiene su audiencia, sobre todo entre los espectadores más jóvenes. Y pese a que puedes ver su influencia en la cultura popular (por ejemplo, en Star Wars o Madonna), su mayor legado es el trabajo pionero de Eugen Schufftan, quien creó no solo la ciudad en miniatura, sino que creó el Proceso Schufftan, que permitió a los actores interactuar con este nuevo medio. 

Las miniaturas permitieron a los directores recrear escenarios a escala en sus películas, construyendo objetos y lugares que habrían sido demasiado caros de haberlos hecho a tamaño real, y ponerlos lo suficientemente cerca de la cámara o con fotogramas a gran velocidad para que parecieran reales. Esto permitió también a los directores expandir su imaginación y crear verdaderas ciudades futuristas, pero…

¿Cómo hacer que hubiera vida en ellas? La respuesta estaba en la creación de efectos prácticos gracias a los espejos. El proceso pasaba por inclinar un espejo a 45º delante de la cámara para reflejar la miniatura. Después, se quitaba una de las secciones de la superficie del reflejo para que los actores, que están en el estudio detrás del espejo, pudieran ser vistos a través del cristal “limpio”. Con un más que cuidado juego de luces, las miniaturas reflejadas debían coincidir con el escenario en miniatura para que la cámara pudiera capturar ambas perfectamente.

Pintando el Arco Iris

El Mago de Oz (Victor Flemming) - 1939

El proceso de pintar un escenario inexistente en la realidad e introducirlo perfectamente en el montaje de la película convirtió a la pintura en mate en una verdadera forma de arte. De hecho, muchos lo consideran una de las mejores, puesto que es prácticamente imperceptible, y nos ha dado algunas de las imágenes más icónicas en la historia del cine, incluidas la Estatua de la Libertad en El Planeta de los Simios, así como el almacén secreto al final de En Busca del Arca Perdida.

Este tipo de arte ha sido empleado por los directores de cine desde 1907, pero su época dorada llegó cuando comenzó el cine en technicolor. El Mago de Oz es el perfecto ejemplo de un buen trabajo de pintura en mate: la llegada de Dorothy a la Ciudad Esmeralda no habría sido aquella legendaria imagen si no fuera gracias a las habilidades y dotes de artistas como Candalario Rivas, quien trabajó en todas las imágenes de fondo y en todos los sets.

Esta técnica perdura todavía hoy, ya que, aun de manera digital, se muestra prácticamente en todas las películas sin importar su género. La mayoría del trabajo realizado en El Lobo de Wall Street utiliza la pintura en mate. Programas de software como AfterEffects permite a cualquiera crear efectos incluso desde su casa, pero el trabajo que hacen los artistas en mate no podrá ser cambiado ni suprimido. 

La Era del Stop Motion

Jason y los Argonautas (John Chaffey) - 1963

El stop motion es una de las formas de animación más antiguas. En 1898, en la película The Humpty Dumpty Circus, una tienda de juguetes cobra vida. El proceso comienza con el movimiento de una muñeca, una figura de barro y otros objetos a través de los fotogramas para dar una sensación de movimiento continuo. Esta técnica continuó con la película El Fantástico Mr. Fox, pero más adelante, películas como King Kong (1933) popularizaron estas técnicas gracias al trabajo, entre otros, del animador Willis O’Brien. Pero si hubo un aprendiz de O’Brien que llevó el stop-motion a otro nivel en los efectos especiales de las películas, ese fue Ray Harryhausen.

El trabajo de Harryhausen ha inspirado a directores tan actuales como John Lasseter, Steven Spielberg, George Lucas, John Landis, Peter Jackson o Tim Burton. Durante más de tres décadas, Harryhausen produjo algunas de las secuencias más famosas en películas como El Séptimo Viaje de Sinbad, One Million Years B.C. o Furia de Titanes. Pero su trabajo en Jason y los Argonautas ha sido su verdadera obra maestra, además del trabajo con el que se ha sentido más orgulloso y contento.

La escena es una lucha entre Jason y siete esqueletos. En palabras del propio Ray: “Cada esqueleto medía entre 8 y 10 pulgadas, y creamos seis de los siete para esta secuencia. El séptimo es un veterano que utilizamos en El Séptimo Viaje de Sinbad, repintado para unirse a los nuevos miembros de la familia. Cuando los esqueletos se manifestaron ante Jason y sus hombres, se podía oír a Acetes gritar: “Matadlos, matadlos a todos”, momento en que podíamos oír un grito inhumano. Lo que sigue es la secuencia de la que estoy tan orgulloso. Yo tenía a tres hombres controlando a siete esqueletos, cada uno de los cuales tenía cinco apéndices que debían moverse en cada fotograma por separado. Esto significaba al menos 35 movimientos de animación, cada uno de ellos sincronizado con los movimientos del actor. Había días que filmaba menos de un segundo de tiempo de la película; hacer la secuencia al completo supuso 4 meses y medio de grabación.”

Un tiburón mecánico en mal funcionamiento irrumpe entre los blockbusters actuales

Tiburón (Steven Spielberg) - 1975

Para hacer de Tiburón una película exitosa, el joven Steven Spielberg necesitaba crear al tiburón perfecto. A sabiendas de que un tiburón animatrónico era imposible de construir para que pudiera funcionar en el océano, Spielberg persuadió a Bob Mattey, que había creado al calamar gigante en 20.000 leguas de Viaje Submarino, para que volviera de su retiro y creara al monstruo. Lo que hizo pasó a la historia y cambió radicalmente el concepto de cómo las películas serían promocionadas y emitidas.

 “Bruce” (así es como se denominó al tiburón, en honor al abogado de Spielberg) fue una maravilla de la ingeniería. Una maravilla que estuvo muy por delante de su tiempo. De hecho, fue tan avanzada que la tecnología que había por aquél entonces no estaba realmente preparada para hacerlo funcionar. El proceso de creación del falso tiburón no costó solamente una importante cantidad de dinero ($250.000), sino que supuso un retraso tras otro durante la grabación de la película: se hundía hasta el fondo, el motor dejaba de funcionar por la corrosión del agua y la sal, se enredaba con las algas…. Esto hizo que lo que iba a ser una grabación de 55 días se convirtiera en casi una pesadilla de ¡159 días!

Pero lejos de acabar con la carrera de Spielberg, el tiburón que tan mal funcionaba enseñó al director todo lo que tenía que saber para utilizar bien los efectos prácticos; aplicó el principio de Hitchcock “menos es más”,  y decidió insinuar al tiburón en vez de enseñarlo completamente. La edición y la música fueron sus principales armas, y el solo vislumbramiento del animal demostró ser más efectivo siendo una incipiente amenaza mortal que un asesino lleno de dientes al que se le vería de cuerpo entero.

Sin duda alguna, Tiburón demostró el potencial que tienen los efectos prácticos para convertir cualquier escena en algo realmente impactante.

Los continuos retrasos sirvieron a Spielberg para hacer una película mejor y mejor por momentos. Contrariamente a lo esperado, el estreno de la película se hizo en verano (una época baja por regla general), obteniendo un éxito arrollador en las salas de cine. Esto fue gracias en parte a las costosas (y efectivas) campañas de marketing por parte de los estudios Universal.

Tiburón se convirtió en el paradigma del éxito cinematográfico tal y como lo entendemos a día de hoy. 

El maquillaje llevó el terror a la realidad

Un Hombre Lobo Americano en Londres (John Landis) - 1981

Podemos afirmar que los años 80 fueron la época dorada de los efectos prácticos, así como de las últimas antes de la llegada y asentamiento de los CGI. George Lucas e Industrial Light and Magic (ILM) llevaron su trabajo a límites insospechados en el desarrollo de Star Wars, mientras que Jim Henson combinó las marionetas con actores de verdad en Cristal Oscuro y Dentro del Laberinto. Las películas de culto de fantasía y ciencia ficción más sonadas florecieron como nunca antes. No nos sorprende ver artículos en cualquier web dedicada al cine homenajeando y loando las virtudes de las películas de los 80.

No obstante, los mejores trabajos creados en esta década fueron realizados en el arte del maquillaje y las prótesis con películas como Evil Dead II y La Mosca. Pero sobre todo hubo un film que se hizo con un importante hueco en la historia: Un Hombre Lobo Americano en Londres.

La Academia reconoció el auge de estos complejos efectos, e introdujo una nueva categoría en los Oscar en 1981: mejor Maquillaje. El premio, evidentemente, fue a parar a Rick Baker por su increíble y novedoso trabajo en Un Hombre Lobo Americano…, particularmente por la increíble escena en que el protagonista se transforma.

A día de hoy, 34 años después, se considera la mejor escena en la que un hombre lobo se transforma en la historia del cine, puesto que todavía sigue viéndose igual de realista como la primera vez. Los CGI actuales no han podido hasta ahora capturar la esencia de una transformación como esta, el ruido de los huesos estallando y transformándose, ni la forma en que emerge la bestia; hoy, el actor es simplemente reemplazado por un modelo exactamente igual hecho en CGI.

Cabe remarcar lo fantástico de aquél trabajo por ser algo totalmente pionero en la historia del cine. Rick Baker tenía 30 años por aquél entonces, y sus ayudantes tenían “aproximadamente 19-20 años. Eran chicos que nunca habían trabajado en una película hasta ese momento”. Su trabajo perduró e influenció a cineastas de generaciones posteriores, empezando con una transformación similar en The Howling, diseñada por Rick Bottin, alumno apadrinado por Rick Baker.

Dinosaurios digitales vs hombres disfrazados

Parque Jurásico (Steven Spielberg) - 1993

Sin dejarse intimidar por los problemas que se encontró en Tiburón, Spielberg continuó experimentando y trabajando con los efectos prácticos y los animatrónicos. Quizá su mejor trabajo con estos medios sea una película que muchísima gente asocia a los gloriosos inicios de los efectos con CGI: Parque Jurásico.

Las manadas de dinosaurios corriendo se ganaron los aplausos del público casi desde el principio, y es cierto que hubo un enorme trabajo digital detrás que sirvió de base para las nuevas generaciones. Sin embargo, fueron los efectos animatrónicos, los marionetistas y los hombres disfrazados lo que dio vida a Parque Jurásico. Por ello, hay que agradecer eternamente el trabajo hecho por Stan Winston y su equipo.

Durante los 80, Winston fue una de las figuras más respetables en el mundo del diseño de criaturas y del marionetismo, sobre todo por sus trabajos en Manimal, Terminator, Aliens, Predator y Iron Man. Pero ninguno fue superior a lo hecho en Parque Jurásico. El T-Rex medía 20 pies de alto, 40 pies de largo y pesaba 8 toneladas. Si alguno de vosotros ha podido ponerse junto al T-Rex del Museo de Historia Natural de Londres, ¡imaginaos a esa criatura persiguiéndoos a toda velocidad! Otros notables dinosaurios creados por Winston y su equipo incluyen a los triceratops enfermos, manejados por 8 marionetistas, los venenosos Dilophosaurus, con los que se utilizaron armas de paintball para lanzar las toxinas, así como la cabeza del Brachiosaurus.

Sin embargo, la creación más terrorífica para la película fue el Velociraptor; solo hemos de tener en cuenta la tensa secuencia en la cocina, donde Lex y Tim son perseguidos por estos mortales dinosaurios (“interpretados” por un hombre disfrazado). De hecho, la escena es tan poderosa debido a los movimientos tan realistas y naturales de los raptors, que la audiencia quedaba en tensión por el mero hecho de imaginarse tener un dinosaurio de 75 millones de años en una cocina intentando comerse a unos niños.

Pero aún, de los 14 minutos en que aparecen dinosaurios, con tan solo 4 minutos hechos exclusivamente en CGI, se atisbaba ese futuro en las películas. El tiempo en que los efectos prácticos eran los protagonistas empezaba a agotarse, pese a que podrían complementar a los efectos digitales. 

Los efectos prácticos se hunden

Waterworld (Kevin Reynolds) - 1995

Si hay una película que ha sido calumniada prácticamente desde el día de su estreno, esa ha sido Waterworld. Y sin embargo, la película no llegó a ser un fracaso financiero total. Más aún, Waterworld empieza a ser considerada para muchos una película de culto.

El set práctico más grande de la película es el atolón, una isla flotante de 1000 toneladas hecha con todo el acero de Hawaii y parte traído de California. No importaba que la película hubiera sufrido unos sobrecostes brutales (el presupuesto pasó de $75 millones a $175 millones), pues había que añadir las historias de terror sobre los sets flotantes o la tensión detrás de las cámaras para hacer crecer el mito sobre el fracaso de la película. Y la culpabilidad del supuesto fracaso se achacó a los efectos prácticos (Kevin Costner no tuvo nada que ver).  

Costosa, ambiciosa y una total pérdida de tiempo, Waterworld se convirtió en un emblema de las películas hechas “a la vieja usanza”. Tal y como demostró Parque Jurásico, los CGI estaban en este momento en pleno rendimiento, y pronto supondrían el grueso de los efectos en los blockbuster; eran más baratos, fáciles de hacer y ambos se podían modificar en preproducción, durante la filmación y en post-producción, permitiendo a los cineastas avanzar más rápidamente y en menor tiempo. Apartados por las nuevas tecnologías, y ridiculizados por producciones tan caóticas como Waterworld, el apogeo de los efectos prácticos parecía haber terminado. 

El regreso de los efectos prácticos

Trilogía El Señor de los Anillos (Peter Jackson) - 2001 a 2003

Una de las películas que más ha combinado los efectos digitales y prácticos es la trilogía de El Señor de los Anillos. El estudio de efectos digitales Weta adquirió mucha relevancia por su trabajo con las capturas en stop motion de Gollum, pero también ganó muchos aplausos por su trabajo con los efectos prácticos, centrados en cinco áreas – armaduras, armas, criaturas, miniaturas y protésicos.

Jackson siempre dijo que quería recrear un mundo en el que él se sintiera vivo y del que formara parte. Este fue el detalle que distinguió El Señor de los Anillos de otras películas de fantasía, tanto anteriores como actuales ¡todo daba la sensación de ser real! Los personajes podían interactuar con las escenas, con cosas que podían tocar, ¡e incluso los monstruos eran tangibles! Las armas parecían poder cortar, las armaduras parecían ser pesadas de llevar. De hecho, todo era tan real que el grito de Viggo Mortensen al pegar una patada en el casco del Uruk-Hai se acrecentó al golpear su pie en el suelo.

Pero uno de los mayores éxitos en cuanto a efectos en la película fueron las redimensiones de las miniaturas creadas por Weta a escala brutal: Mary Maclachlan, supervisora de miniaturas de Weta las llamó ‘bigatures’. La ‘bigature’ de Isengard medía 22 metros de muro a muro, y la Torre de Orthanc ¡medía 15 metros de alto!

El trabajo en los detalles tuvo que ser muy cuidadoso; por ejemplo, la torre utiliza escalpelos para dar su apariencia picuda, lo cual demuestra en este caso que el trabajo manual destacó por encima de los CGI. La escala de las bigatures permitió que las cámaras pudieran controlarse por ordenador, ofreciendo un total seguimiento desde todos los ángulos de las mismas.

Para entender lo que supusieron estos trabajos prácticos, lo mejor es ver la trilogía de El Hobbit. Ésta es un festival de CGIs animados cuyas escenas parecen más sacadas de un videojuego que de una película. De hecho, desaparece la sensación de estar en un mundo real. Se pierde la magia de poder alcanzar o tocar los muros de una antigua fortaleza porque todo parece hecho de dibujos animados. Estas películas no nos absorben en su mundo como las primeras; se pierde la autenticidad ofrecida por los efectos prácticos.  

El círculo se completa

Star Wars VII: El Despertar de la Fuerza (J.J. Abrams) - 2015

Este año 2015 hemos podido disfrutar del resurgir de los efectos prácticos, uno de los principales reclamos en las películas. Los efectos digitales siempre serán las herramientas que, usadas correctamente, harán exactamente lo que el director quiere, pero ¿volverán a quedar en segundo plano en pos de la credibilidad que los efectos prácticos ofrecen?

Sin ir más lejos, nadie habla de los más de 2000 efectos digitales que hubo en Mad Max: Furia en la Carretera. Más aún, el hecho de que el 90% del trabajo realizado hayan sido trabajos prácticos es lo que ha hecho que esta película hubiera subido en las listas de éxitos de este año, convirtiendo la obra de George Miller en un futuro clásico.

Pero, por supuesto, si hay una película que va a ser el heraldo de una nueva era en los efectos prácticos, esa va a ser Star Wars. La trilogía original fue un pasó más allá, pues cambió la forma de conseguir los efectos especiales que venían de los 70, para posteriormente someterse a la era digital, creando personajes totalmente hechos en CGI para las precuelas.

Hoy es el momento de volver sobre nuestros pasos, de volver a lo básico. Demostrando casi un rechazo frontal a la sobrecarga de píxeles en las últimas películas, la nueva trilogía vuelve a la creación de protésicos, maquillajes de criaturas y nuevos droides “de verdad”. Rian Johnson, director del Episodio VIII, decía: “Creo que la gente quiere volver a lo clásico (refiriéndose a los efectos prácticos). Hay una sensación como de gravedad que nos lleva a ello. Creo que cada vez más y más gente está empezando a aburrirse de las escenas de acción hechas completamente por ordenador, donde la física es totalmente irreal”.

Hay que volver a apostar por los efectos prácticos, por la nostalgia, por los vídeos que hay “detrás de la escena” recordando los “buenos viejos tiempos” donde todo era tangible, y asociar todo ello a los mundos fantásticos en los que nos puede sumergir el cine actual. Quizá dentro de 20 años la gente, preocupada por las ¿limitaciones? de los efectos prácticos, volverá a clamar por lo digital. Pero por el momento, disfrutemos con lo que podría ser un nuevo renacimiento del cine.

Artículo OriginalA brief history of cinema practical effects, in 10 films

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